Categoría: Biográfico

Una milla, una cerveza, un año

Empecé a correr hace un par de años, y desde entonces he corrido bastantes carreras cortas, un par de San Silvestres, unas cuantas medias maratones y una maratón completa. Ahora llevo un tiempo, desde principio de año, corriendo poco debido a diversas lesiones y bastante vaguería, así que he decidido que esto tiene que cambiar. Y para que cambie hay que cambiarlo, así que a partir de mañana me he propuesto correr al menos una milla (1.609 metros) y a tomarme una cerveza, eso va a ser más fácil, cada día durante un todo un año. A ver cuánto dura esto.

Empieza la cuenta a partir de mañana, siete de abril de 2013.

¡Salud!

¿Por dónde empiezo?

Cartel del taller de elaboración de cerveza artesana de La Tienda de la Cerveza

Cartel del taller de elaboración de cerveza artesana de La Tienda de la Cerveza

Ayer leí un interesante artículo de Amante del Lúpulo sobre su experiencia en el taller de elaboración de cerveza casera de La Tienda de la Cerveza, en Madrid. Me recordó que tenía esto a medio escribir, me animó a terminarlo y me dio la idea para un próximo artículo sobre cómo hacer cerveza en casa de una manera muy sencilla, aunque avanzada, utilizando grano y una simple bolsa de malla. Pero eso, para el próximo artículo, ahora, a lo que vamos. Si quiero hacer cerveza por primera vez, ¿por dónde empiezo?

La primera vez que hice cerveza fue hace unos cuantos años, en un local especializado para el tema que se llama Gallagher’s Where-U-Brew. En un sitio como este puedes ir y te proporcionan tanto recetas entres las que elegir, como los ingredientes y los utensilios para hacer tu cerveza y embotellarla. Y normalmente también te la guardan a la temperatura correcta mientras fermenta. En mi opinión la utilización de uno de estos locales, que están empezando a aparecer en España, tiene bastantes ventajas:

  • Disponibilidad: te proporcionan un fácil acceso a todo lo que necesitas sin tener que preocuparte de agenciarte o diseñar tu propia receta, conseguir todos los ingredientes, tener que volver a la tienda en el último minuto porque te has olvidado de algo. Y te ahorras la compra del material especializado necesario, que aunque es poco, algo es. Una gran manera de probar y si no te convence, una y no más, Santo Tomás.
  • Comodidad: llegas, haces tu cerveza mientras te tomas una, y cuando terminas te vas a casa. Nada de preparar los materiales, limpiar y desinfectar antes, y volver a limpiar después. Un par de semanas más tarde vuelves, embotellas, y te llevas tu cerveza. Más cómodo imposible.
  • Facilidad: el sistema es “a prueba de tontos”, ya que el método utilizado no suele incluir el macerado del grano sino simplemente la cocción con extractos, normalmente líquidos. En algunos de estos locales, el mencionado Gallagher’s incluido, se utiliza también una pequeña cantidad de grano con el que se hace una infusión para añadir cuerpo, color, y sabor al resultado de acuerdo con la receta. Esto básicamente reduce drásticamente las posibilidades “de armarla” y hace que la cerveza salga siempre decente.
  • Precio: aquí el precio hace que la cerveza que haces no salga más barata que si compraras una cerveza artesana media, pero tampoco es más caro. Y si tienes en cuenta que pasas dos o tres horas dos días entretenido y que sacas 20 o 40 litros de cerveza hecha por ti de la experiencia, no está nada mal. Y si vas con uno o dos amig@s a los que les interese el tema, la diversión se multiplica.
  • Experiencia: para la mayoría de la gente hacer tu propia cerveza suena a fisión nuclear. Y aunque saltar al agua de cabeza puede hacer que salgamos nadando tan ricamente, también puede terminar causándonos un miedo al agua que haga que nunca más volvamos a intentarlo. Este tipo de locales hace que podamos meternos en el tema con algo de apoyo y ayuda para superar el miedo inicial y darnos cuenta que no sólo no es fisión nuclear, sino que puede ser bastante sencillito.

Pero como casi todo en esta vida, esto es un tira y afloja y este tipo de locales también tienen sus inconvenientes. En mi opinión, los más importantes son:

  • Falta de flexibilidad: normalmente te tienes que amoldar a lo que hay sin salirte de su lista de recetas u opciones. Si lo que te apetece hacer no está entre las opciones, las cosas se complican.
  • Y esto… ¿porqué?: básicamente, estás siguiendo una receta sencilla. Normalmente nadie te explica porqué la infusión de cereales la haces durante 30 minutos a menos de 75ºC, o porqué utilizas la cantidad de grano y extracto que utilizas, porqué echas lúpulo tres veces en esta cerveza pero solamente una en esta otra, o porqué tienes que mantener las botellas en el armario un par de semanas después de llevártelas a casa y no meterlas directamente en la nevera. Si tienes interés en aprenderlo, puedes preguntar y alguien te dará las respuestas básicas, pero no esperes salir de allí como un experto.
  • Está buena, pero… ¿es mi cerveza?: la pruebas, te gusta, la compartes con los amigos y todo va bien. Pero en el fondo, a mi al menos, siempre me aparecía un demonio rojo al lado de la oreja que me decía “está bien, pero no es tu cerveza; es la cerveza del tío del local hecha por ti”. Y después de unas cuantas veces, cada vez oyendo la voz más fuerte, tienes que hacer algo para callarla, y ya te has liado en esto de la cerveza de garaje.

En resumen, y para contestar a la pregunta que sirve de título de este artículo, yo si tuviera que empezar de nuevo volvería a hacerlo a través de uno de estos locales. Es fácil, divertido, relativamente barato y cómodo. De acuerdo que no te da todo lo que se puede sacar de hacer tu propia cerveza en casa, pero no hay nada que te impida dar el salto y seguir por tu cuenta si te pica el gusanillo más adelante.

¡Salud!

¿Porqué hacer mi propia cerveza?

Una cosa que más de uno se puede estar preguntando es, pero vamos a ver ¿para qué quieres hacer tu propia cerveza, con la cantidad de oferta que hay por ahí estos días? Y en parte, pequeña pero parte, tienen razón. Si el motivo de hacer mi propia cerveza fuera simplemente beberla, no merecería la pena. Por beber cerveza más barata seguro que no merecería la pena, primero porque no bebo tanto, y segundo porque no pienso dejar de comprar cerveza. Y entonces… ¿por qué?

Mi última compra, una camiseta: Esta es mi cerveza… ¡Hazte la tuya!

Una de las razones por las que he empezado a hacer mi propia cerveza es que quiero hacer algo que me guste. No es que no haya ninguna cerveza comercial que me guste, que las hay y muchas, es que quiero hacer algo que sea exactamente lo que me gusta. El problema es que aún no sé qué es, y mucho menos cómo hacerlo. Pero será una búsqueda interesante y llena de cerveza que probar en el camino. ¿Qué más se puede pedir?

En la variedad está el gusto, dicen, y por supuesto no quiero hacer sólo una cerveza, aunque sea la cerveza que más me guste del mundo. Tendrán que ser varias. Y de diferentes tipos. Para varias ocasiones. Diferentes cervezas para diferentes momentos, dependiendo del clima, de los ánimos, de la compañía o de la comida. Más búsqueda y más cerveza por el camino. ¡La cosa mejora!

Quiero beber una cerveza que me afecte no sólo a los sentidos, sino mucho más. Y no, no me refiero a que me tumbe porque tenga mucho alcohol. Me refiero a algo que me traiga recuerdos, me lleve de viaje, me emocione, me motive y me haga sentirme orgulloso. Y eso es más complicado con una cerveza comercial.

Otro motivo es la mezcla de ingeniería y arte que es diseñar y hacer la cerveza. La combinación de química, mecánica, biología y creatividad. Diseñar una receta y ser capaz de repetirla una y otra vez cambiando una variable cada vez hasta conseguir exactamente lo que quieres. Hacer cerveza me ha traído como mínimo una barbaridad de conocimientos que no tenía, y aún estoy solamente rascando la superficie.

Por cacharrear. Por educación y profesión soy informático, programador o ingeniero de software, o como lo quieras llamar; y me encantan los trastos. Y una cosa que hacer cerveza en casa trae consigo es la posibilidad de comprar y jugar con un montón de ellos, de todos tipos: desde perolas a controladores electrónicos, pasando por bombonas de gas, tuberías, bombas, quemadores, etc. Como dice Derrin, de Brewers Hardware:

For a lot of home brewers, myself included, building your own home brewery and then tinkering with it is almost a bigger hobby than brewing the beer. The fact that it just happens to produce outstanding beer is just a happy coincidence. 

O en español: Para mucha de la gente que hace cerveza en casa, yo incluido, construir tu propia cervecería y después retocarla es casi tanto hobby como hacer la cerveza. El hecho de que la cervecería produzca buena cerveza es una coincidencia genial.

Para alguien esto quizá suene estúpido, pero para mi es otro motivo más por el que hacer mi propia cerveza.

Y por último, compartirla, el orgullo de ir a una fiesta llevando tu propia cerveza y sentirte bien porque a la gente le guste. Disfrutarla con amigos y familia. Y soñar con que algún día igual te podrías dedicar a hacer cerveza para ganarte la vida en lugar de tener que ir a la oficina todas las mañanas. Es una posibilidad remota, pero pensarlo es música para los oídos, o más bien, alimento para el alma.

¡Salud!

Cerveza de garaje

Me lleva gustando la cerveza ya unos años, casi, casi desde que tengo memoria. Pero antes, era otra cosa.

Cuando era joven, en España, hace ya mucho tiempo, la cerveza era un líquido amarillo, amargo y refrescante, entre 4º y 5º de alcohol. Estaba buena, y no había otra cosa. Así que se bebía y listo. Y a ser posible en grandes cantidades.

Luego empecé a descubrir “la cerveza alemana” tipo Pilsen. Rubia, suave, mucho más compleja que lo que bebía en España. Estaba rica, pero… donde estuviera el líquido amarillo. Dónde va a parar.

Luego algunas belgas. Unas bueno, otras no tan bueno, otras sabían a frutas o a especias. En general, ni comparación con el líquido amarillo. Vamos, la mayoría de las belgas ni sabían a cerveza. Quita, quita…

Luego las americanas cuando tuve la suerte de venir a estudiar a EE.UU. Eran igual que el líquido amarillo, pero sin sabor, sin color, sin “na de na”. Una sosería. El líquido amarillo seguía siendo el patrón oro. No había nada igual.

Y después, aunque también hace muchos años, volví de nuevo a vivir a EE.UU. Primero al lado de Boston, donde descubrí Sam Adams y su famosa Boston Lager. Aquello estaba bueno. Pero el líquido amarillo aún seguía ahí, marcando la pauta. Boston Lager estaba bien porque era eso o líquido amarillo insulso de cervecería gigantesca americana. Empecé a beber otras cosas, sobre todo cervezas de temporada, y sí, estaban buenas. Pero el líquido amarillo seguía ahí. El líquido amarillo era “cerveza de verdad”

Y aquí empezó el cambio. Por cosas de la vida me vine a vivir al lado de Seattle. Y aquí descubrí que a pocos kilómetros de mi casa había cervecerías como Red Hook y Mac & Jack’s donde hacían visitas guiadas y contaban historias de los diferentes tipo de cervezas que hacían. ¿Qué diferentes tipos? Yo siempre había pensado que la cerveza era rubia, oscura y negra. Ah, y de trigo, una suavecita que hacen los alemanes para el verano. Poco a poco empecé a beber otras cosas cada vez “más raras”, cada vez más atrevidas. Y estaban buenas. Cuando volvía a España el líquido amarillo seguí ahí, pero ya no era lo mismo. Y cada año era menos lo mismo. Era hasta un poco aburrido.

Y del líquido amarillo como única cerveza existente pasé al líquido amarillo como una cerveza más y ahora a intentar hacer mi propia cerveza en el garaje. Y así nace mi blog, Cerveza de Garaje, aunque yo, contrariamente a lo que hacen la mayoría de los cerveceros caseros de los alrededores, no la hago en el garaje. Por ahora, me apaño con la cocina, y en el futuro utilizaré un pequeño taller que tengo en lo que antes era el segundo garaje de la casa. Y ¿porqué el nombre? Porque hace unos meses, un amigo me mandó un artículo del diario El País diciéndome algo así como: “Espabila, que te han levantado la idea”. El artículo se titulaba Una cerveza de garaje y “la idea” era que todo esto de la cerveza artesana tendría éxito en España. Me gustó el nombre y fue el que elegí cuando pensé en empezar a escribir este blog.

Así que de aquí en adelante espero ir contando mis aventuras y desventuras haciendo cerveza de garaje. Espero que este blog en algún momento también pueda servir de ayuda para otros que empiecen con el hobby, aunque por ahora el que más ayuda va a necesitar voy a ser yo.

¡Salud!