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Toxicidad (parte II)

Seguimos con nuestra segunda entrega sobre la posible toxicidad de los materiales, ingredientes y otros utensilios utilizados en la producción de cerveza casera. Estas entregas son un resumen traducido de una serie de podcasts producidos por James Spencer para Basic Brewing Radio y si tu nivel de inglés te lo permite te recomiendo escucharlos.

De nuevo tengo que dar las gracias a James por permitirme utilizar su contenido. Tanto él como Paul me han pedido que les pase cualquier pregunta que alguien pueda tener y que intentarán solucionarla, así que si hay algo relacionado con toxicidad y cerveza casera que te preocupe, no dudes en preguntar y publicaré la respuesta tan pronto como la tenga.

Después de nuestra primera entrega, continuamos donde lo dejamos:

Star San

Star San, de Five Star Chemicals, es un desinfectante de utilización muy común en el mundo cervecero. Yo mismo lo utilizo en todos mis lotes desde que empecé en esto de la cerveza casera. Star San está aprobado para el uso en desinfección de materiales utilizados en la industria alimentaria por la Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unidos cuando es utilizado en las concentraciones adecuadas. Paul hizo un cálculo de cuánto Star San podría quedar en nuestra cerveza utilizando cinco galones del producto en un lote de cinco galones, 19 litros, de cerveza.  Para conseguir cinco galones de disolución vamos a utilizar 40 gramos de Star San concentrado. Vamos a suponer que un 1% de los cinco galones se quedan en nuestro fermentador después de vaciarlo, es decir 0,4 g de Star San en 19 litros de cerveza. Si bebemos dos pintas, 700 ml, de esta cerveza todos los días durante el resto de nuestra vida estaremos ingiriendo 15 mg de Star San al día. Un estudio realizado en animales (lo cual es una putada para los pobres bichos, en mi opinión, pero eso es otra historia) muestra que no hay ningún efecto negativo por la ingestión de 85 mg de Star San por kg de peso corporal por día. Esto en un adulto de 70kg serían 6 gramos de Star San diarios, 400 veces más de los 15 miligramos que podríamos estar ingiriendo en nuestro supuesto.

Nota: Star San ser puede utilizar simplemente desde una botella de plástico rociándolo sobre las superficies a desinfectar, pero como mucha gente llena su fermentador con el producto este es el cálculo que Paul hizo.

Bisfenol A

Bisfenol A, BPA o Bisphenol A en inglés, es un compuesto que genera mucha polémica en internet. Es utilizado para recubrir el interior muchas latas de productos alimenticios para evitar el contacto del metal con el alimento. Varios ingredientes utilizados en la producción de cerveza, como extractos de malta, vienen enlatados y de ahí la posibilidad de que contengan Bisfenol A.

Hay desacuerdo incluso entre diferentes gobiernos sobre los peligros del Bisfenol A, así que para nuestro supuesto Paul va a presuponer que es peligroso para la salud, y sobre todo para el desarrollo de fetos y niños. Afortunadamente estos no son los tipos de población, incluyendo mujeres embarazadas, más proclives a la ingestión de cerveza, ya sea casera o de cualquier otro tipo.

La European Food Safety Authority, EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, por desgracia sin página en español) está considerada como una organización independiente y de una gran fiabilidad científica, ha realizado múltiples estudios sobre el Bisfenol A. Han llegado a la conclusión de que el máximo que de Bisfenol A que se puede transferir desde el recubrimiento interior de una lata al contenido de esta son 16 micro gramos (0,016 miligramos) por litro de contenido. Consideremos el peor de los casos y vamos a hacer los cálculos bajo la premisa de que en 5 galones, 19 litros, de cerveza tipo barley wine podemos utilizar hasta 6 kg de extracto de malta líquido, o alrededor de 5 litros. Así que tendríamos 0,08 mg de Bisfenol A en nuestro lote completo, o 0,003 mg en dos pintas. EFSA ha determinado un límite de ingestión de Bifenol A seguro de 50 microgramos, 0,005 miligramos, por kg de peso en adultos. Esto, en una persona de 70 kg serían 0,35 miligramos o unas 115 veces más de nuestra ingesta cervecera. Así que esto quizá sea un problema si comemos demasiadas latas de callos o de sardinas, pero no por la cerveza hecha en casa.

Termo-neveras utilizadas como macerador

Muchos cerveceros caseros maceran el grano en una termo-nevera para conseguir una mayor estabilidad de la temperatura de macerado. Estas termo-neveras están aprobadas para utilización con alimentos, pero en un rango de temperaturas mucho menor que el del macerado, lo cual crea dudas sobre la posible transferencia de alguno de sus componentes a nuestra cerveza y que este pueda producir toxicidad.

En este caso Paul se puso en contacto con uno de los fabricantes de neveras, que le contestó diciéndole que las termo-neveras están diseñadas para almacenar líquidos fríos o templados, y no clarificaron si utilizarlos fuera de estos parámetros es seguro o no. Después Paul contactó con otro toxicólogo que trabaja en el campo de los polímeros plásticos y que sí le dio una solución. Lo primero a tener en cuenta es que estas neveras cumplen las normativas y son aptos para alimentos en los que no se utilizan materiales plásticos reciclados sino nuevos. También le dijo que las sustancias que puede haber en estos polímeros y que se transfieren en contacto con agua, se transfieren al agua, tanto fría como caliente, con mucha facilidad. La opinión de este toxicólogo es que la transferencia va a ser la misma sin importar la temperatura, así que si son seguras para uso con agua fría, son seguras para su uso con agua caliente.

Cubos de plástico

homedepot_bucketPaul habló sobre este tipo de cubos con el mismo toxicólogo que le ayudó con las termo-neveras. En este caso la diferencia es que muchos de estos cubos, a pesar de estar fabricados de polietileno de alta densidad, no están considerados como aptos para almacenar alimentos. Pueden estar fabricados con materiales reciclados, con mucho menos control sobre su composición, y pueden utilizar colorantes para su fabricación que tampoco estén aprobados para usos alimentarios. Así que su consejo fue que para transportar agua de un sitio a otro, probablemente no tengan ningún problema, pero que él no los utilizaría como medio de almacenaje por un largo periodo de tiempo o para fermentar. Así que si tienes un cubo blanco, probablemente sea apto para alimentación, pero si son de colores mejor no utilizarlos.

Polivinilpirrolidona (PVP)

La polivinilpirrolidona es un polímero que se utiliza como agente clarificador para la cerveza. Según las instrucciones de uso después de utilizarlo debemos filtrar la cerveza para extraerlo. Igualmente está aprobado por la FDA de EE.UU. como agente clarificador en cerveza comercial siempre que sea filtrado y no esté presente en el producto final. Como muchos cerveceros caseros no tenemos sistemas de filtrado, Paul investigó los efectos para la salud del PVP, y resulta que es algo que nuestro cuerpo no absorbe en absoluto, es decir, algo que pasará a través de nuestro sistema digestivo. Por este motivo lo utiliza también la industria farmacéutica como excipiente en pastillas.

Su uso para cerveza sería de unos 5 gramos en un lote de 5 galones de cerveza. Esto quiere decir que su transferencia máxima sería de unos 185mg en nuestras dos cervezas diarias. En un estudio con ratas las alimentaron con un 10% de su dieta total en PVP durante 90 días sin observar ningún efecto negativo. Esto en una persona de 70kg sería una cantidad mucho mayor que nuestros 185mg, que es el peor caso, así que el PVP también parece ser seguro de utilizar para aclarar nuestra cerveza, incluso si no filtrásemos.

Y aquí terminamos nuestra segunda entrega. La próxima continuaremos con la segunda entrega sobre toxicología de Basic Brewing, que fue publicada por James el 12 de diciembre de 2013, y que puedes encontrar aquí.

¡Salud!

Toxicidad (parte I)

En Basic Brewing Radio, el 14 de noviembre de 2013, James Spencer entrevistó a un toxicólogo, Paul, que contestó a una gran cantidad de preguntas sobre la toxicidad de algunos de los materiales que normalmente utilizamos para hacer cerveza en casa. Paul consiguió su doctorado en Toxicología en 2003 y ha trabado desde entonces como toxicólogo tanto en la industria alimentaria como farmacéutica. Paul prefirió mantener su apellido e información profesional privada debido a posibles conflictos entre la empresa para la que trabaja con las opiniones que pudiera dar durante el programa. En cualquier caso, la entrevista, basada en preguntas que los oyentes realizaron de antemano en la página de Facebook de Basic Brewing, fue muy, muy interesante así que pedí permiso a James para utilizar su contenido en una serie de artículos para el blog. Este artículo, y otros que vendrán a continación, está basado en el contenido de esa entrevista, pero no es tan detallado ni completo como fue esta. Voy a mantenerlo en un formato pregunta-respuesta e incluir las que me parecieron más interesantes. Así que si tu nivel de inglés te lo permite, te recomiendo escuchar la entrevista completa, así como el resto de la programación de Basic Brewing, tanto en su formato de audio como de vídeo, que también puedes encontrar en YouTube. Así que si alguna vez te has preguntado si esto o aquello que usas mientras haces cerveza puede o no ser tóxico o perjudicial para tu salud y la de los que disfrutan tu afición, espero que esto te ayude.

La estrategia que sigue Paul para contestar las preguntas es, por lo que explica, muy similar a lo que hace en su trabajo. Cuando se le presenta una situación en la que uno o varios individuos van a verse expuestos a un agente químico con intención de que determinen si hay algo de lo que se deban preocupar o no. La toxicología determina esto en dos pasos:

–          El primero es determinar cuál va a ser el nivel de exposición de la persona al agente químico, y en todos los casos en sus respuestas en la con entrevista Paul utiliza el peor escenario posible de exposición. Para esto supone que vamos a hacer un lote de 20 litros de cerveza casera en nuestro equipo, lo que determinaría la concentración del agente químico, y que vamos a tener exposición indefinida a esta cerveza, consumiendo dos vasos, o alrededor de 700 mililitros, al día de ese lote durante el resto de nuestra vida. Como digo, este no pretende ser real, sino una suposición para utilizar como el peor de los casos posibles.

–          El segundo paso es determinar qué nivel de exposición al agente químico del que estamos hablando se considera segura. Esto es debatible en muchos de estos casos, así que esto lo determina a través de lo que en la industria se llama Acceptable Daily Intake (ADI, o contacto diario aceptable) que es determinado por diferentes grupos oficiales tanto dentro de EE.UU. como europeos.

Para empezar, y para que no se nos olvide, la cerveza en sí misma es tóxica, por su contenido alcohólico. Es una toxicidad de la que disfrutamos y que no tiene consecuencias negativas siempre la bebamos con moderación, no decidamos conducir después de beber, etc., pero es tóxica al fin y al cabo. Así que el primer riesgo es beber la cerveza y es algo que tenemos que considerar.

Ollas de aluminio

La primera pregunta es sobre las ollas de aluminio. ¿Es seguro utilizar ollas de aluminio o puedo estar intoxicándome por usarlas?

En este caso Paul cuenta que no es metalúrgico, así que esta pregunta y otras sobre metales se las ha pasado a John Palmer, que sí lo es, y que le ha ayudado con varias respuestas. John Palmer tiene una referencia en su libro How to Brew en la que nos habla de un experimento realizado por Jeff Donaghue en el que midió el contenido de aluminio en cerveza hervida en ollas de aluminio tanto antes como después del hervido. El resultado del estudio fue no fue capaz de detectar aluminio en la cerveza después del hervido. Esto demuestra, como también confirmó John Palmer, que no va a haber una transferencia sustancial de aluminio de la olla a la cerveza. En cualquier caso, e incluso si la transferencia existiera, sería muy inferior a lo que el CDC, Center of Desease and Control Prevention considera como seguro en un adulto: 1 miligramo por kilo de peso y día.

Plomo

A estas alturas parece estar bastante claro que el plomo es malo para la salud. La pregunta es: ¿cuál es el riesgo del plomo contenido en los herrajes de latón o las soldaduras que puede haber en nuestro equipo?

Paul cuenta como hay plomo en todas partes, incluido cualquier verdura que crece dentro de la tierra, como por ejemplo las zanahorias. Para responder a esta pregunta Paul también recurrió a John Palmer quien le dijo que solamente el plomo que se puede encontrar en la superficie de los herrajes sería capaz de pasar a nuestra cerveza. En cualquier caso, un simple enjuagado de los herrajes es suficiente para librarse del plomo de su superficie.

Otra cosa que ocurre es que la levadura que utilizamos para fermentar nuestra cerveza también ayuda, ya que tiende acumular ciertas cantidades de metales como aluminio o plomo. Así que si tuviéramos plomo que ha pasado a nuestra cerveza, la levadura absorbería parte de este plomo: un gramo de levadura puede absorber 2,3 miligramos de plomo. Y eso es más que la cantidad total de plomo que podría desprenderse en un lote de 20 galones de cerveza hecha en casa. Hay plomo en diferentes fuentes a través del proceso de hacer cerveza, tanto en casa como a nivel profesional, pero no se detecta en la cerveza al final del proceso debido a ser absorbido por la levadura.

Sobre las soldaduras, ningún material de soldadura tiene ya nada de plomo, así que tampoco debería ser un problema.

Otra pregunta sobre plomo es ¿cuál es el riesgo de contaminación por utilizar alimento para levadura que contenga plomo?

Somos muchos los que utilizamos alimento para levadura cuando hacemos un estárter. Una cantidad normal sería utilizar alrededor de 2 gramos de alimento para levadura en un lote de 20 litros. Normalmente el alimento para levadura en EE.UU. es apto para el consumo. Esto quiere decir que los niveles de contaminación de este tienen que estar por debajo de los que se consideran seguros. Así que incluso si la levadura no absorbiera nada de este plomo, sería seguro utilizarlos. Pero eso sí, asegúrate de que el que tú utilizas está marcado como apto para el consumo.

Yodo en Yodoformo

El yodoformo es usado como desinfectante y es muy efectivo cuando se utiliza en las concentraciones adecuadas. Además, tiene la ventaja añadida de no necesitar aclarado ya que se evapora sin dejar rastros. Según la EPA de EE.UU., el yodoformo (Iodophor en inglés) es apto para aplicaciones alimentarias como desinfectante y no presenta riesgo para la salud. De nuevo, utilizado en la concentración correcta de 25 miligramos de yodo por litro de disolución.

Caso práctico: si utilizáramos 20 litros de disolución para desinfectar nuestro equipo cervecero para hacer 20 litros de cerveza. En una sesión utilizaríamos 500mg de yodo. Suponiendo que escurrimos pero no aclaramos el equipo, podemos asumir que un 1% de esos 500mg se queda pegado por ahí y terminará en nuestra cerveza. Esto serían 5mg de yodo en 20 litros de cerveza, o 0,25mg de yodo por litro. Suponiendo que nos bebiéramos durante el resto de nuestra vida 750ml de esta cerveza todos los días, estaríamos consumiendo 0.1875mg de yodo al día. Esto sería un consumo muy inferior a los 1,1 miligramos de exposición diaria al yodo que se consideran tóxicos.

Y hasta aquí llegamos hoy. En próximas entregas continuaremos con el resto de los compuestos tratados durante el podcast. Para más detalles sobre este y otros muchos temas relacionados con hacer cerveza en casa, visita Basic Brewing, escucha sus podcasts y échale un vistazo a sus vídeos.

¡Salud!

El proceso de hacer cerveza, paso a paso

Logo de la American Homebrewers AssociationLa American Hombrewers Association (AHA) ha añadido recientemente a su página web una sección llamada Let’s Brew (Hagamos Cerveza), en la que enseñan el proceso de hacer cerveza en casa. Incluye una sección paso a paso del proceso con instrucciones, fotos y un sistema de navegación utilizable desde tabletas o teléfonos, que son los que más probablemente tendremos cerca en el momento de ponernos al tajo. Una segunda sección dedicada al equipo necesario para realizar el proceso, con fotos y descripciones de cada cosa. La tercera está dedicada a ingredientes, también con fotos y descripciones de para qué y cómo usar cada uno; y la última se dedica a recetas. Parte del contenido lo han hecho también descargable como Recursos, para usar sin acceso a internet. Y en Seminarios y Conferencias han publicado un ejemplo de los que organizan con una presentación de Mitch Steele (Brewmaster en Stone, en San Diego, y autor del libro IPA: Brewing Techniques, Recipes and the evolution of India Pale Ale) sobre cómo hacer IPAs históricas.

Cada una de las secciones, excepto la de seminarios, está dividida por niveles, tanto para cerveceros caseros principiantes, como intermedios y avanzados. Según el nivel, encontraremos diferentes tipos de procesos, equipos, ingredientes y también diferentes recetas. Esto hace que cada sección sea atractiva para todo el mundo, sin importar el nivel.

Por desgracia el contendo está solamente en inglés, así que por ahora si no hablas el idioma de la reina (de Inglaterra) te tendrás que conformar con la versión traducida automáticamente. Voy a pedir permiso a la AHA para reproducir el contenido aquí, o al menos poder publicar las traducciones de cada uno de los tutoriales y documentos más claras que las de la traducción automática. Pero paciencia, porque esto llevará tiempo, así que por ahora la mejor opción es leerlo en inglés o la traducción automática.

¡Salud!

Ordinary Bitter, progreso y comparación

Hace un par de fines de semana hice algo que llevaba mucho tiempo sin hacer: cerveza en la cocina. La cosa es que están de visita mi sobrino, de 14 años y mi suegra, y quería enseñarles cómo hacer cerveza. Pero tenía la impresión que una sesión de 8 horas en el garaje para hacer 40 litros iba a terminar aburriéndoles en exceso y quizá también terminando con mi paciencia. También ocurre que tengo aún algo más de 20 litros de la primera versión de Ordinary Bitter que hice en el garaje. Esta es una de las cervezas que llevé a que la juzgaran mis compañeros de curso del Beer Judge Certification Program, así que tenía unas cuantas ideas sobre cómo mejorarla, pero hacer otros cuarenta litros habría sido demasiado. Total, que me decidí por hacer un lote de unos 11 litros en la cocina, y ya puestos escribir un artículo que tenía pendiente sobre la manera más sencilla de hacer cerveza todo grano: lo que en inglés se llama Brew in a Bag o BIAB, es decir, macerado en bolsa. Durante el proceso hice unas cuantas fotos sobre el macerado en bolsa que publicaré en un artículo más adelante, ya que el de hoy lo dedicaré tanto a la primera receta que hice de esta cerveza como a los cambios que llevé a cabo para la segunda, así como una comparación entre las dos.

Para empezar, sobre el estilo: es el 8A de BJCP (en español aquí en PDF). Es una cerveza de origen inglés, donde se sirve sin utilizar presión de CO2 (es decir, como “real ale”) y a temperatura de bodega (unos 8ºC). De color pálido, baja graduación alcohólica y cuerpo ligero con carbonatación baja. Aroma ligero de malta con toques afrutados y sin apenas aroma a lúpulo. El sabor debe ser amargo, aunque no excesivamente de lúpulo (de tipo especiado, resinoso y floral típico inglés), y puede tener sabor ligero de malta (tipo caramelo es común, pero no necesario). Final seco y con predominio del amargor sobre la malta y los ésteres, aunque sin abrumarlos completamente. Es una cerveza para beber en grandes cantidades sin problemas, fácil de beber a tragos largos, por lo que no debe ser dulzona ni cansar con amargor excesivo.

Por eso de ser inglesa y suave, decidí llamar al mía Let It Beer, y aquí se puede descargar la receta de la primera versión en formato Beer XML de BeerSmith 2.

La verdad es que el proceso entero estuvo gafado. El día antes se me rompió mi mejor termómetro al meterlo en agua con hielo para comprobar que marcaba bien, así que lo tengo que devolver al fabricante para que me mande uno nuevo, ya que lo compré apenas hace cinco meses. Después dejaron de funcionar otros tres termómetros que tenía por ahí, eso sí, al menos estos eran viejos. Y el volumen de macerado era tan pequeño que no llegaba al termómetro que lleva instalado la perola de 80 libros que tengo. Total, que en ningún momento estuve muy seguro de qué estaba haciendo, y eso no suele llevar a buen puerto. Para rematar la faena se me atascó la bomba para recircular el macerado y pasar el mosto a la perola de hervido, así que el macerado también se alargó más de lo debido. La fermentación fue de diez días en primario en una zona fresca del garaje que se mantuvo entre 20C y 23ºC, pero sin control de temperatura. Y entre el mosto demasiado fermentable debido a la maceración y la fermentación demasiado larga con una densidad final de 1.004 y bastante más alcohol del que quería: 4.7% en lugar del 3.5% que era mi intención.

A pesar de todo esto, la cerveza es muy bebible y cuando la llevé a ser juzgada por la gente con la que hago el curso de juez de BJCP, incluyendo un juez BJCP de nivel nacional y un cervecero profesional que también es juez BJCP, la media fue de 33 puntos sobre 50, lo que según los criterios de la organización la hace caer en el nivel de “muy buena”. Pero aunque muy buena suena bien, aún hay dos niveles por encima: “excelente” y “fuera de serie”, así que aún tenemos por dónde mejorar. Las mayores críticas, constructivas sí, pero críticas, que recibió la cerveza y por las que se alejaba del estilo fueron:

  • Demasiado oscura: según la guía de estilo el color debe ser de amarillo claro a cobrizo, y esta era marrón más bien oscuro (foto abajo). Perdí un punto de tres para todos los jueces.
  • Aroma a lúpulo demasiado pronunciado, ya que debe ser de moderado a inexistente. Claramente añadir lúpulo Amarillo al final del hervido no fue una gran idea, al menos si la intención era presentar al cerveza a un concurso oficial. También falta de aroma a malta y que el que tenía era demasiado tostado.
  • Falta de ésteres tanto en boca como nariz y exceso de sabores tostados.
  • Excesivamente seca, lo cual no me sorprende después del desastre de maceración que tuvimos.

Así que para solucionarlas decidí cambiar cuatro cosas:

  1. Las maltas especiales, que pasaron a ser Caramel 60L y Pale Chocolate en cantidades iguales, siendo cada una un 4.7% del total. La malta base seguiría siendo la misma, Maris Otter, con aproximadamente el 90% de la cantidad en peso. Mi intención con el cambio en maltas especiales era:
    – Aclarar el color, cosa que no he conseguido hasta el punto que quería aunque he cambiado una malta de unos 340ºL (Carafa I) por una de 185ºL (Pale Chocolate), pero la cantidad de Pale Chocolate en esta receta ha sido del 4.7% mientras que la de Carafa I en la anterior era de solamente el 3.5%. El cambio de Brown Malt por Caramel 60L apenas debería haber afectado el color.
    – Reducir los sabores de malta tostada, café, etc. y aumentar los más dulces de caramelo y chocolate.
  2. El lúpulo siguió siendo Fuggles, pero ahora más cantidad a falta de 60 minutos de hervor y un sólo añadido extra a falta de cinco minutos, intentando así reducir el sabor y aroma a lúpulo. También elimino el añadido de lúpulo Amarillo a un minuto que fue una ocurrencia a lo loco la primera vez.
  3. Macerado más controlado en términos de temperatura y haciendo un Mash Out efectivo con la intención de conseguir un mosto menos fermentable y algo más de cuerpo en la cerveza final.
  4. Y por último, la levadura que pasa a ser London ESB Ale de Wyeast (#1968) y una fermentación más corta y a temperatura controlada a 20ºC durante cinco días en lugar de diez como la primera vez. Una vez llegados a los cinco días y con burbujas en el air-lock cada 55 segundos aproximadamente bajé la temperatura a 3.5ºC para ayudar con la floculación de la levadura y la claridad de la cerveza durante 48 horas. No usé secundario, embarrilando directamente desde el fermentador y con carbonatación forzada ligera a 1.5 volúmenes aproximadamente.

Estaba lista para para beberla 10-12 días después de la producción. Y aquí está la receta en formato Beer XML con las notas de la sesión (en inglés).

Y ahora una comparativa entre las dos cervezas, empezando por la foto:

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La primera versión está a la izquierda y la segunda a la derecha

El color no ha cambiado tanto como yo quería, pero es definitivamente más claro como se puede apreciar en la fotografía. Lo que sí ha cambiado mucho son el aroma, el sabor y las sensaciones en la boca. Los sabores y aromas tostados han desaparecido completamente, al igual que los de lúpulo, y han sido remplazados por los típicos aromas y sabores de tipo más dulce de la malta caramelo. El amargor es similar, pero sin la astringencia y amargor producidos por las malta tostadas. Menos seca y ligeramente más bebible y sobre todo al haber reducido el nivel de alcohol del 4.7% al 3.1%.

En general estoy contento con los cambios introducidos, aunque hay demasiadas variables (lúpulo, maltas, levadura, perfil de fermentación y proceso de macerado) como para llamar a esto un experimento. En cualquier caso, creo que ya casi tengo decidida la siguiente receta de esta cerveza en la que substituiré la malta caramelo de 60L por 10L o 20L y aumentaré ligeramente su porcentaje en la receta para aligerar aún más el color a los niveles del estilo. Pienso mantener un 90% del grano con Maris Otter y el resto con estas dos maltas especiales, así como la levadura ESB y el mismo perfil de macerado (aunque sin bolsa) y fermentación. Como en la primera, haré un estárter para conseguir la cantidad adecuada de levadura según http://yeastcalc.com o la calculadora de Mr. Malty.

Mañana llevaré la segunda versión de la cerveza a ser juzgada durante nuestra siguiente clase de BJCP y publicaré los resultados también.

¡Salud!

Cámara de fermentación

Desde antes de montar el termostato para la fermentación he estado buscando un buen chollo para comprar un arcón congelador de segunda mano. Por aquí el mercado de electrodomésticos de segunda mano da para mucho, y Craigslist es la página ideal donde encontrar chollos. Aunque encontré uno hace tiempo, que uso para guardar la cerveza y mantenerla fría, me estaba costando trabajo encontrar otra buena oferta para usar como cámara de fermentación. Pero con paciencia todo llega, y hoy por fin he encontrado lo que estaba buscando. Un arcón congelador de 425 litros de capacidad (si he hecho bien las conversiones de 15 pies cúbicos a litros) con 15 años de tralla a sus espaldas, pero que parece que está como nuevo y me durará al menos otros tres o cuatro años sin demasiados problemas.

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Interior del arcón. ¡Está como nuevo!


Pero… ¿porqué un arcón y no un frigorífico vertical? Un motivo es el precio. Este trasto lo he comprado por $75 y un frigorífico de tamaño y condiciones similares suele ser bastante más caro. Además el arcón és mucho más eficiente energéticamente hablando, sobre todo para mantener temperaturas más bajas que las exteriores. Al abrirlo el aire frío se queda dentro mientras que en un frigorífico básicamente se cae al suelo y hay que volver a enfriarlo. Pero el motivo fundamental es por aprovechamiento de espacio. Voy a utilizar fermentadores tipo barril de aluminio de cinco galones (19 litros) y como se puede ver aquí, debería ser capaz de meter ocho de ellos al mismo tiempo (son los que marca como 5P). En un frigorífico podría ser capaz de meter cuatro en el suelo, pero añadir otros cuatro en una balda a media altura sería prácticamente imposible debido a su peso una vez llenos de cerveza: unos 100 kg incluyendo los barriles.

Por fuera no está tan bien como por dentro, pero mejor de lo que cabría esperar por el precio.


Sin embargo, si en algún momento decido cambiar los fermentadores y pasar a uno cónico de mayor capacidad, como el Blichmann Conical, el frigorífico pasaría a ser la mejor opción ya que por altura no cabría en el congelador. Pero los barriles y el congelador aún van a dar mucho juego. Con ellos y el termostato debería ser capaz de controlar la temperatura de fermentación que necesite con facilidad y repetirla tantas veces como sea necesario. ¡Una cosa menos en la lista!

¡Salud!